...
-Hola, ¿Te
acuerdas de mí?
(Pienso que
las cosas nunca pasan por algo…jamás. A menos que uno lo permita.)
-Soy Abril…¿de
5to grado? ¿Recuerdas??….duh.
(Pienso, también,
en que todo pasa por algo (contradicciones mutuas, gracias al cielo) y si no es
así, entonces la vida no vale la pena ser vivida.)
Estoy
sentado en mi sala. Más específicamente en mi único sillón. Pero, quizás eso no
sea muy completo, ya que tengo una mesa y dos sillas. Si, dos sillas. Una para mí
y otra para mí.
No es que
este loco (ya, mejor dejémoslo en duda), pero esa afirmación que en verdad
parece primariosa, la dejaremos de lado, pero solo de momento.
Como les decía,
estoy sentido en mi sillón. Todo chorreado y sin ánimos de nada. Para colmo no
veo muy bien el calendario. Sé que es Septiembre, ya que es el mes de mi
cumpleaños y si lo sé, es sencillamente
porque mi primo me llamo para que me acordara, pero no se qué día es hoy. Quizás
15 o 10…no lo sé y da igual.
Sentado,
jalo con mucho ruido mi sillón a la mesa. Apoyo mi cabeza contra la fría madera
de cedro. “Si es cedro, es mejor” retumba en mi cabeza, ya que siempre fue el
slogan favorito de mi madre. Mi cabeza en la madera y pienso en lo melancólico
de todo esto. Lo pienso y luego de 2 meses de haberme mudado veo el
departamento con calma. Con calma digo, ya que ni bien me mude me recosté en la
cama y no desempaque. Pensé que me mudaría a la semana y así fue pasando el
tiempo.
Digo melancólico
y lo digo porque se vería bonito un toque femenino en este espacio: Algunas
flores, libros…perfume de mujer, ya saben de lo que hablo. Siempre he pensado y
he admitido que la palabra “mujer” es sinónimo de vida.
Melancolía
es una extraña palabra, así que por inercia comienzo a tararear “Sweet home Alabama” y mientras lo hago, comienzo
a mover los dedo. Por alguna extraña razón no puedo y pienso por un segundo que
fácil ya estoy muerto. Antes de ponerme a pensar en poses filosóficas con
respecto a eso…veo mi reloj. Mi reloj me gusta y no es que sea un fetichista de
relojes…para nada. Me gusta y la razón es muy sencilla: Es un cucú. Casi nadie
tiene uno hoy en día, así que estoy libre de que se me juzgue ese gusto
cuasi-morboso que le tengo a los relojes cucú. Pensándolo bien, me tardaría todo
un día contando cómo, cuándo y por qué lo compre, pero hoy no.
Sigo
sentado, mirando el reloj. Marca las
4:15 y me comienzo a reír. Es obvio que me ría en esta situación, ya que a
veces mi reloj miente. Lo peor de todo el sabe que se, pero igual el muy sigue
marcando la hora errónea, ya que se que son las 3.
Son las 3 y
deben serlo…deben.
Y bueno, es
más claro que el agua. Para que entiendas bien, tendría que contarte la verdad
de la otra silla. En tu mente podrían caber muy bien 2 preguntas: ¿Y la otra
silla? ¿Estás esperando a alguien en particular? Les diría cuánta razón tienen…
4:55 y la
ansiedad fue más. Tengo que levantarme a tomar mis pastillas. Pastillas para
algo, ya que no me acuerdo muy bien de qué. Quizás sean para la memoria o para
ser más amigable con las personas. Arrastro mis pesados pies hacia la cocina y
abro la refrigeradora. Si, es extraño, pero me gustan las pastillas frías y con
un poco de vodka.
Me siento de
nuevo, tal como me siento siempre y me pregunto en qué momento me jodí. Creo
que cada persona tiene ese pensamiento. Siempre hay un luego y un después de
todo, sobretodo en mi vida y en este departamento y en mi reloj, etc.
Soledad.
Creo que esa palabra define todo en el
mundo desdichado de un hombre.
Esa soledad
aun estando acompañado de infinidad de personas.
-Melissa y
la putamadre...- Lo digo fuerte y en voz alta para que mi reloj cucú lo sepa.
Tiene derecho a saberlo, que carajos.
Tiene que
saberlo, ya que ese reloj es suyo. Siempre lo fue…
(continuara)