Todo
comenzó cuando de pronto, las viejas imágenes del pasado
comenzaron a llegar a mi puerta. Instalándose
en todos los rincones de mí casa. Impregnándose en todo mi cuerpo, burlonamente,
como despreciando el presente. Las horas, tiranas y pálidas, reían de todos los
gestos de mi cara… De todo el conjunto de valores y principios que gobernaban
mi vida. Llegaban invadiéndome con osadía y arrogancia. Y yo las miraba, tal
cual como se mira las travesuras de un niño… de un hijo. De un hijo pequeño y
querido.
Estaba
sorprendido, reconociendo sus voces, tarareando sus cantos. Gozando con sus
ocurrencias. Pero de pronto llegaron otros: Insolentes, obscenos, malvados
y salvajes. Legaban puntualmente, como
si llegaran de prisa a aquella cita tan esperada. Unos tras otros.
Vertiginosamente. Inundándome sin piedad. Aislándome del mundo. De mi propio
mundo. Aislándome de la razón y de todas mis seguridades, cual faros luminosos en
mis calles vacías. Aislándome de todas las estrategias que había fabricado para
no sufrir lo imprevisto. La vida que muy a menudo me sorprendía… aquella que
generaban mis pasos de fascinación y miedo.
Asaltándome
cuando menos lo esperaba. A la vuelta de la esquina, al morder una manzana, al
caminar entre una multitud de personas y ver que de entre todas ellas, alguien
me sonreía, confiado, feliz, cercano… terriblemente humano.
Se rompen en cientos de miles de pedazos los
grandes letreros de mis ciudades. Ciudades inaccesibles, fantásticas, antiguas.
Donde no existe el día ni la noche. Ni lenguaje, moneda, reloj, escuela,
almanaque o templo alguno. Una ciudad sin puertas. Sin guardianes. Donde todos
los habitantes de mi alma solían jugar, cantar, reír, soñar, correr, llorar,
amar…
Descubriendo
nuevas y genuinas emociones.
Sin temor a
la censura. Creciendo orgullosamente, a plena luz.
Ciudades a
las cuales solo yo tenía acceso y en las cuales me refugiaba como un viejo oso,
en su solitaria y oscura madriguera.
"Todo comenzó cuando de pronto, las viejas imágenes del pasado comenzaron a llegar a mi puerta."
ResponderEliminarEl comienzo es muy manido, por dos cosas: el "todo comenzó cuando..." y las imágenes abstractas. Ponle algo concreto para mantener al lector en el piso. No "vueles" tanto.
"Pero de pronto llegaron otros: Insolentes, obscenos, malvados y salvajes." Hay un desfase en la concordancia. ¿Otros qué? El primer párrafo hablaba de "imágenes".
"Aislándome de la razón y de todas mis seguridades, cual faros luminosos en mis calles vacías." Algo forzada esta metáfora.
De forma general creo que el texto tiene que aterrizar. A lo mejor no se nota porque es un prólogo. En todo caso, no abuses de las abstracciones. Las imágenes oníricas son bacanes cuando trasladan al lector a una nueva realidad, pero primero lo tienes que tener en tierra. No sé si me dejo entender.
Bueno, eso nomás por ahora. :)
Lo que te decía por Twitter era que la poesía se detiene en cuestiones sensoriales, abstractas, visuales. La narrativa privilegia la acción, el movimiento (en el sentido más amplio del término, aunque el personaje esté pensando, lo que "vemos" es el movimiento de su psique). Tal vez sea una división rígida y haya autores que puedan transitar entre ambos géneros cómodamente. En todo caso es una clasificación que nos sirve para entender el objetivo de cada género.
ResponderEliminarTe pongo una metáfora. Un señor va a su trabajo por una calle en un día importante para su vida (recibirá un ascenso). La narración describirá la calle por donde transita, el tipo de gente que pasa a su alrededor, lo que pasa por la cabeza del señor, lo que espera de ese día, etc. Tal vez se detenga en detalles como una flor que el hombre ve en la vereda o en el color del vestido de una chica. Acá pueden entrar las descripciones y los personajes. Pero estos están dosificados de manera que responden a un objetivo. ¿Cuál es el objetivo de la narración clásica? Ir de A a B. Nada nos puede distraer de este camino de A hacia B porque sino constituye lo que en la teoría de la comunicación se llama "ruido". Distrae, aparta al lector de su camino. Las imágenes y descripciones no están prohibidas, pero tu maestría como narrador consiste en que no constituyan un obstáculo.
Ahora tomemos la misma premisa: un señor yendo al trabajo en un día importante de su vida. Esta vez será poesía. (Podría tratarse de poesía narrativa. Hay poesía narrativa muy buena. Checa a los peruanos de los 70) Esta vez el hecho de que sea un día importante es meramente circunstancial. Lo que el texto privilegiará es cómo el señor se detiene en observar cada color, textura, forma de la gente y de su calle. El poema, digamos, tiene como objetivo que reflexionemos sobre la vida urbana. Nos detendremos en la observación de un pajarito, de un sombrero. Podremos ahondar en las imágenes del ave o de la tela. Nunca sabremos si el tipo llega bien a la chamba o por qué el día era tan importante, tal vez el poema solo quiere que reflexionemos la disyuntiva entre la belleza de nuestro alrededor y la agitada vida urbana. O de cómo olvidamos las cosas pequeñas y bellas por el trabajo o el dinero.
Un buen ejemplo de esto último es el poema "Tabaquería" de Fernando Pessoa. Describe una escena cotidiana: el poeta sentado frente a la tabaquería de su barrio, desde donde saluda al tendero. los elementos de su entorno sirven para que el poeta reflexione sobre la banalidad de la vida y la importancia de los sueños y los deseos. Es un poema muy bello. Gugléalo.