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Voces , sin
rostro
llegan hoy
hasta mi
cuerpo.
Algo esconde
el hombre entre sus manos…
dentro , muy
dentro,
entre su
ropa,
entre su
pelo,
entre sus
labios… y en su boca.
Entre la
palabra que pronuncia,
entre los
latidos
de su corazón
que
camina,
como un
adolecente
en medio de
la calle,
con sus dos
manos
en los
bolsillos,
apretando
los puños,
preparando
el golpe,
apresurando
el paso…
desconfiando
de toda
sonrisa
( evitando
toda forma humana )
Voces
sin ojos,
sedientos,
cansados de ver
tan solo
su propia limitación.
El peso de
su cuerpo
amorfo y
cansado…
es como un
cerco
construido
como
defensa,
como refugio
y que hoy
le corta las
alas
y le
destroza
los sueños.
Algo oculta ,
es
innegable.
El hombre
que crea
maquinas
y lucha
contra
la muerte.
Como una
herida,
que aún no
cierra.
Como aquel abrazo,
que aun
duele.
Algo se
oculta,
tras los
años,
la edad,
el
conocimiento,
la ciencia,
la mano fría
que nunca se
brinda.
Algo se
oculta,
la fragilidad
vuelve.
El amor nos
desarma,
abre el
puño,
estrecha la
mano.
El amor.
Peligroso
amor.
Redime al
hombre,
le permite
verse,
le permite
vernos.
Algo
esconde,
el hombre.
Las sombras
de sus dedos
marchan
continuamente
a la batalla
a defender
lo cierto y lo real .
Las murallas
de la cuidad
detienen el
sol
en pleno
cenit…
Defenderse
de la noche,
de los
sueños,
del tibio
calor calor
de otro
cuerpo ,
del dolor,
la risa,
el frío,
la espera de
la inquietud de saber
que le
falta.
(el propio
rostro)
(la propia
voz )
(el propio
peso )
(la propia
palabras)
que solo él
puede
pronunciar
y
que
acaso
no la pronuncie
nadie.
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